Ahora que el calor nos ha dado tregua, muchos viajeros buscan un destino diferente para su escapadas, en el que puedan combinar ocio, y actividades culturales a un precio muy económico. En este marco, Marruecos nos abre un gran abanico de opciones de viajes para todos los gustos y paladares.Si es su primera vez en el país vecino, amarruecos.com, el portal de viajes especializado en Marruecos, le recomienda uno de los circuitos que más adeptos tiene: El Circuito de Ciudades Imperiales.

El pasado Domingo nos embarcamos en una apasionante aventura, sumándonos a este Circuito. Durante una semana, hemos recorrido las ciudades más importantes del reino alaouita, y hemos conocido las renombradas capitales de los imperios que han marcado la historia de este país.

En el primer día, embarcamos en el ferry rápido de Tarifa, que tardó poco más de media hora que se nos hizó muy corta ya que estuvimos paseando por el barco y aprovechamos para hacer una compras en la tienda duty free de abordo (sobre todo tabaco y alcohol para el viaje).

Una vez en Tánger, empezamos el itinerario previsto hacia Fez. Lo mejor ha sido encontrarnos unos paisajes verdes que nos acompañaron hasta nuestras paradas en dos pueblos costeros del atlántico Asilah y Larache. Estos últimos merecen una visita por sí solos. Son los típicos pueblos con casas blancas y azules que se entremezclan con un fondo de mar, cuyas puertas están abiertas y dejan entrever una arquitectura y decoración tradicional, y cuyas calles recuerdan un pasado portugués y español.La ciudad de Fez nos recibe, con sus impresionantes murallas y torres. Disfrutamos de un tour panorámico hasta el hotel. Esta primera noche la teníamos libre así que cenamos y salimos a la aventura, cogiendo un petit taxi, que nos llevó al centro. Aquí las calles están abarrotadas, los bares, y los puestos de comida répida. Pasear es un verdadero placer.

Al día siguiente el guía nos estaba esperando para la visita de Fez. Hemos recorrido los monumentos más importantes de la ciudad: El Palacio Real, El barrio judío o Mellah, y hemos atravesado las murallas desde varias puertas, cada una de ellas con su propia historia y papel en la ciudad. Por fin llegamos a la grandiosa medina de Fez. Ahora entendemos de primera mano, la necesidad de ir acompañado a la medina; Está compuesta por miles de calles! Vimos las calles que albergan los artesanos, divididos por especialidades y terminamos en los curtidores de pieles. Es impresionante, el olor que desprenden las pieles, por ello, nada más llegar nos ofrecen hojas de hierba buena. Desde unos balcones se podía ver en vivo cómo se trabajan las pieles..

Luego por tarde, teniamos tiempo libre, que aprovechamos para probar el Hammam del hotel. Es una maravilla!El martes tuvimos que despedirnos de Fez, y retomamos la ruta hacia Marrakech. Recorrimos la montaña del Medio Atlas, pasando por pueblos muy encantadores. El que más llamó nuestra atencion fue Ifrane; Es conocido como la pequeña suiza de Marruecos. Siendo uno de los lugares de mayor altitud de Marruecos, albergando una estación de Ski, y ofreciendo unos paísajes propios del norte de Europa. Pasamos también por Khenifra, Kasbah Tadla y Beni Mellal. A esta altura, vemos paísajes más áridos, y algunas Kasbahs (fuertes) por el camino.

Una vez en Marrakech, cenamos y salimos a pasear por el centro.Al día siguiente, empezamos la visita de Marrakech. El tour nos llevó a conocer los Jardines de la Menara, el famoso barrio de Gueliz, la torre Koutoubia y la plaza de Jemaa el fnaa. Esta plaza y sus zocos merecen una visita más detenida así que lo apuntamos para volver por la tarde, siguiendo las recomendaciones del guía.

Por la tarde noche, y con energías renovadas, fuimos a la Plaza Jemaa el Fna.Este místico lugar reúne a bailarines, aguadores, cuentacuentos, encantadores de serpientes, dentistas, escribas, rabadoras de henna, músicos, bailarines, saltimbanquis, quiromantes, curanderos, y un largo etcetera… Todo bien rebozado en un humo que empregna el paisaje. Parece un cuento sacado del Mil y una noches.

Al día siguiente, nos despedimos de Marrakech y zarpamos rumbo a Casablanca. Capital económica de Marruecos, esta ciudad metropolitana, encierra el mayor centro de negocios del país, y la bolsa de valores. Hicimos una visita panorámica de Casablanca, y tuvimos tiempo libre para almorzar, y dar una vuelta por la ciudad. Tendremos que volver con más tiempo para sacarle todo el jugo a esta gran ciudad. Continuamos hacia Rabat, la capital del reino Marroquí.Llegamos al hotel para cenar, y decidimos salir. Pedimos un petit taxi para ir al centro. Tan diferente de las demás ciudades y a la vez tán viva! Algunas tiendas seguían abiertas, y había multitud de gente paseando por las calles.

El viernes por la mañana, teníamos programada la visita de Rabat. Primero una panorámica, vimos los exteriores del Palacio Real, el Mausoleo de Mohamed V. Luego visitamos la Torre Hassan y las ruinas de los Oudayas. Esta tarde hicimos las maletas y continuamos hacia Tánger. En este tramo el recorrido fue por la autopista, que dejaba ver paisajes de tierras bajas con mucha vegetación.En Tánger, hicimos un tour panorámico de la ciudad, y luego cenamos en el hotel. La mayoría de los tangerinos hablan español, y es muchos comercios aceptan el euro. Nos vino de perlas ya que habíamos gastado los dirhams y no queríamos cambiar más monedas.

El sábado, era nuestro último día de viaje en Marruecos, así que apuramos para hacer unas últimas compras, y nos fuimos con el grupo hacia el puerto de Tánger.Ya estamos embarcando, y nuestra aventura termina aquí, pero no nuestro espíritu viajero. Nos llevamos muchos recuerdos, amistades y experiencias en la mochila.